Desde que “viajar en bici” se convirtió en norma en nuestras vidas, en cuanto se presenta la oportunidad de unos días libres por delante no pensamos en otra cosa.

Semana Santa es ideal para el turismo de toda la vida, y por supuesto para un bikepacking de 2 o 3 etapas, según la distancia a casa; o más jornadas si se dispone de toda la semana entera.

Montesinho

Una vez más la predicción del tiempo no era la más motivadora, pero tampoco nos íbamos a quedar en casa a comprobar si fallaban. Tuvimos varias opciones y la ganadora fue un lugar desconocido y cautivador: el parque nacional de Montesinho en Portugal. Si circulas dirección Madrid por la autovía Rías Baixas entre A Gudiña y Sanabria todo lo que queda a mano derecha en el lado portugués es el parque.
El Parque Natural de Montesinho es uno de los mayores parques naturales de los 12 existentes en el país. Está situado en la región de Trás – os – Montes (en el noreste de Portugal), que cubre la parte norte de los municipios de Bragança y Vinhais, que forman parte de la denominada “Terra Fria Transmontana”. El parque cuenta con dos grandes montañas – Serra da Coroa (lado oeste) y Serra de Montesinho (lado este), que da su nombre al parque. Son 75,000 hectáreas capaces de reunir una de las zonas más ricas en cuanto a fauna y flora de Portugal.

 

Montesinho

A lo largo del Parque Natural de Montesinho se extienden tres zonas bien delimitadas: una amplia zona de bosques de castaños, otra zona de robles y la pradera que mece entre el contorno de las montañas. Se trata de la zona más abundante de castaños del país. No en vano esta región del noreste de Portugal se salvó de la quema descontrolada de los grandes incendios que asolaron el país durante los últimos tiempos.
El hombre y la naturaleza conviven desde tiempos remotos en estas tierras agrestes, y aún en la época actual esta armonía y respeto perduran. Denotan una simbiosis perfecta.

El clima y la abundante naturaleza ofrecen un espectáculo disntinto cada 3 meses. Es como si todo cambiase 4 veces al año. En la revista National Geographic dicen: “Ninguna otra área protegida expresa mejor el contraste de las estaciones como Montesinho.” Las zonas valle están a unos 450m mientras que las colinas son suaves y redondeadas, rondando entre los 1200 y 1500m.

Montesinho

Nosotros fuimos hasta Sanabria, y desde allí por una carretera local que ya cruza el parque hasta Braganza, la ciudad más importante de la zona, llegamos a nuestro destino, una casa rural en Rabal. Allí dormimos y desde allí salimos en bici el día siguiente, y allí volveríamos a estar el último día.
El viernes santo comenzaba con riesgo de lluvia, de hecho la carretera estaba mojada aún. Los primeros km fueron por un valle bastante llanos pero pronto cambiaría. Buscamos el enlace con la EN308, y esa carretera cruza el centro del parque de este a oeste. Ya te das cuenta enseguida de donde estás inmerso. En un vergel de castaños y encinas rodeados de suaves montañas sin atisbo apenas de acción humana. Las aldeas están tan integradas en el paisaje con granito y pizarra que a cierta distancia no se distinguen. Está todo mimetizado. Nosotros también notamos esa sensación, de fundirte con la naturaleza, escuchar todos los sonidos puros, estar en “el aquí y el ahora”.

Montesinho

Con ritmo tranquilo, propio del turista en bici, llegamos a Mofreita. Allí nos despistamos en un cruce y la carretera se acabó en una pista de tierra. No estaba prevista. Un vistazo al mapa y vemos que si seguimos la tierra nos lleva a más o menos la ruta original. Estábamos en el centro literal del parque, sin nada humano, sin asfalto, sin casas, absolutamente nada. Solo la naturaleza pura. Y en toda su crudeza, pues estuvimos subiendo bastantes km con rampas hasta del 20%, en las cuales hubo que bajarse de la bici y observar con calma.
Volvimos a conectar con la EN308 en el alto de Redería, frontera con Castilla y León. Las vistas eran cautivadoras. A lo lejos se veía Pena Trevinca y montañas aún con nieve. Y el parque quedaba a nuestra espalda con un crisol de colores marrones y verdes con un relieve redondeado. Paramos en Moiementa a tomar un café. La aldea rebosaba autenticidad, como sus habitantes. Allí en medio de la nada a más de 1000m en las montañas…

Montesinho

Desde allí solo quedaban 20 km hasta Vinhais, el punto de parada a dormir, otra de las principales ciudades colindantes con el parque. Tienen hasta un museo de la castaña. Y buenas pastelerías, un clásico en Portugal.

La casa rural estaba a unos 7 km del pueblo así que la fiesta aún no había acabado. Nos costó un poco dar con ella. Menos mal que habíamos comprado algo de comida en un super antes. En las aldeas apenas hay bares, y los que hay no son restaurantes. Es difícil encontrar donde comer si se va en bici, tenganlo en cuenta si van por allí…

Montesinho

Tras un buen desayuno y las pilas cargadas salimos de la casa rural con idea de cruzar el interior del parque de oeste a este para volver otra vez a Rabal. Usamos incluso algunas pistas de tierra en perfecto estado para la bici de gravel. En Travanca, antes de un vertiginoso descenso, contemplamos una de las panorámicas más bonitas del viaje. Desde lo alto el horizonte no tenía fin. Las montañas se sucedían una tras otra alternando los colores marrón, verde y gris.
En Mofreita volvimos a conectar con la EN308 de la jornada anterior para hacer el recorrido inverso. El día anterior estuvo gris, oscuro y frío. Y al día siguiente hacía sol y calor. Y el mismo paisaje ya parecía otro diferente con solo un día en medio con tanta disparidad de climatología.

Montesinho

Las carreteras que cruzan el parque de Montesinho son un sueño para cualquier ciclista. No son grandes puertos, pero sí grandes colinas con un paisaje de ensueño. El asfalto es liso y noble. El poco tráfico que hay es respetuoso, algo poco habitual en Portugal. La pureza y autenticidad reina en el ambiente.
Monta y déjate llevar a tu interior.
Montesinho

la etapa 1 en strava

 

la etapa 2 en strava