La idea surgió a raíz de una ruta en BTT, bajando por las curvas de herradura mientras poco a poco se iba abriendo entre la vegetación las vistas del cañón, con la vieja central eléctrica en el fondo y el sonido del río acompañando al ruido de las cubiertas de montaña rozando contra el asfalto. Está decidido, por aquí hay que hacer una puncherada!!

Fragas do Eume Prestige
Ahí empezaron los preparativos, y como con casi todo en la vida, las dudas. Sentarse delante del ordenador para “pintar” una ruta siempre implica un trabajo importante de síntesis, para conseguir incluir todos esos rincones escogidos en una ruta asequible y que fluya de forma adecuada. En ese trabajo de descubrimiento de los eslabones que unirían los puntos imprescindibles de la ruta, resultó imprescindible la ayuda de Pablo “Pantani”, todo un experto en  descubrir hasta la última carretera pensada para esto que nosotros llamamos ciclismo.
Fragas do Eume Prestige
El reto no era sencillo por los fuertes desniveles que rodean toda la zona y las limitaciones que surgen de que las Fragas do Eume sean un espacio protegido. Pero finalmente conseguimos diseñar de la mejor forma posible una ruta que aglutinase todo lo imprescindible que debe tener una buena puncherada, carreteras con poco tráfico, paisajes arrebatadores, alguna que otra emboscada y churros!!
Fragas do Eume Prestige
Después de una semana en la que “Helena” dejó su huella en toda Galicia un grupo de 8 puncheurs nos atrevimos a mantener la fecha marcada y lo cierto es que el tiempo no pudo regalarnos un día mejor. Después del frío de primera hora de la mañana, el día nos recompensó con un sol que nos acompañaría durante toda la ruta. Así, nos lanzamos al reto, unos algo engañados y otros plenamente conscientes que lo difícil del día sería superar los primeros 30 kms, donde debíamos ascender cerca de 1300m de desnivel, acumulado en su práctica totalidad en un sinfín de rampones que en cuanto te despistabas alcanzaban las dos cifras.
Fragas do Eume Prestige
La salida, urbana, dio paso a una carretera estrecha en la que seguimos un pequeño tramo del camino de Santiago dirección Ferrol para ir encaminándonos hacia As Neves punto donde realizaríamos la bajada hacia la central eléctrica del Eume para desde ahí iniciar la gran subida del día, A Torre de San Bartolomeu (http://www.altimetrias.net/aspbk/verPerfilusu.asp?id=975). Pero antes, estaba preparada una emboscada, tras una corta bajada hasta el fondo de una pequeña hondonada atravesada por un pequeño río que iba desbordando agua a su paso, enfilamos una subida corta, dura, con un par de curvas que permitían despedirse de los prados que poco antes habíamos atravesado, para rápidamente llegar As Neves, no sin antes recibir la visita de un par de perros locales que tenían ganas de saludar y un poco de hambre.
Fragas do Eume Prestige
Una vez atravesado el pueblo tocó abrigarse antes de la bajada de casi 6 kms que nos llevaría hasta el río Eume. Una vez en el puente que cruza el río aprovechamos para hacer una parada técnica, disfrutar del río que iba cargado de agua y de una fervenza que amenazaba con caer directamente sobre las ruinas de la antigua central eléctrica. Desde aquí iniciamos la subida que encendió la mecha de esta ruta, con hasta 8 curvas de herradura al más puro estilo de los lacets de montvernier, 3 kms y un 11% de pendiente media, la subida de la central es, como dicen algunos, la hermana guapa de la subida al San Lois, y para quien no la conozca, la subida al San Lois es una auténtica maravilla.

 

Poco a poco nos fuimos espaciando, cada uno lidiando con las rampas del 12 y del 14% como mejor podía, respirando el aire que se filtraba a través de los helechos y el musgo milenario, transportándonos al sitio en que cada uno más necesitaba estar en ese momento. Con sus 355m de acumulado en apenas 3 kms es una subida dura y explosiva que unos más que otros sufrieron en sus propias carnes. Una vez en la cima, con la sensación de haber sido transportados a otro mundo iniciamos un constante sube y baja por carreteras con un asfalto inmaculado, solo transitadas por algún que otro cazador y por nosotros mismos, con esas curvas de herradura todavía en la cabeza. Pese a que para enlazar con la carretera que va de Pontedeume a Irixoa sólo quedaban un par de kms, las fragas, como deseando que no nos fuésemos nos acompañaron durante un buen rato por carreteras silenciosas y que invitaban al abandono, hasta que el  rampón de turno, salía de entre las curvas para recordarnos que aún quedaba algo por subir antes de que finalmente llegasemos a la AC-151, cerca de Montero, donde hicimos la parada técnica de rigor para tomar el café, que sabe mejor que nunca en una mañana algo fría y soleada.

Fragas do Eume Prestige
Desde ahí quedaba un rápido descenso camino de Pontedeume, y la guinda del pastel, la carretera al monasterio de Caaveiro, un recorrido de 11 km bordeando el río que baña uno de los bosques atlánticos mejor conservados de España. Con el Eume rebosante de agua y el verde asomando entre las hojas caídas de los árboles desnudos, llegamos hasta la última sorpresa del día, un pinchito de apenas 500m y un 11,5% de media con una rampa final que a esas alturas de la mañana parecía que se acercaba más al 20 que al 15%, y por supuesto con empedrado como firme, para rendir pleitesía a los muros de pavé belgas y a la vez conectar con la esencia de nuestra tierra, finalizando en la misma puerta del que en su día fue el monasterio más importante de la comarca. 
Fragas do Eume Prestige
Una mañana más, pudimos disfrutar del sabor de las corredoiras gallegas, de su silencio y de su belleza, todo con ese punto de dureza que te deja con ganas de volver, de seguir y de llegar un poco más lejos, para descubrir que hay detrás de la siguiente curva.

Como siempre nos vemos en la carretera!!

la ruta en strava

 

Fragas do Eume Prestige

 

Diseño y fotografía: Daniel Gonzalez. 
Editor: Heine Christensen
Texto (colaboración muy especial): Samuel Suarez