A los ciclistas nos encanta subir. Es una sensación muy adictiva. Da igual si vas rápido o más lento. Esa combinación de placer y sufrimiento momentánea casi siempre tiene su recompensa. Seguro que las vistas desde arriba valen la pena….

Eso fue lo que hicimos gran parte del tiempo en nuestra anterior “excursión”, que casi se gana la categoría de “épica”.

Epico
Dejamos en manos de Manuel Otero el diseño del recorrido. Solo le pedimos que lo que buscamos son paisajes que realcen la belleza que tenemos en Galicia. Un GPS andante como es él nos sorprendió con un trazado que incluía nada más y nada menos que tres puertos, de los cuales uno fue final de la Vuelta 2014. Nos desplazamos hasta la localidad pontevedresa de Caldas de Reis; para desde allí recorrer 115 km que acumularían  casi 2200 m positivos.

La ruta en Strava
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Desde Caldas nos dirigimos hacia Moraña, una zona muy bonita y tranquila del interior de la provincia, subiendo de forma constante pero muy llevadera hasta la cima del Monte Acibal, por unas carreteras increíbles…. casi sin tráfico, tranquilidad absoluta y muy buenas vistas de la comarca. Al coronar nos encontramos un edificio que alberga el Centro de Alto Rendimiento de Verducido, al lado del lago mismo, donde entrena la élite del piragüismo gallego.

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Tras un rápido descenso atravesamos el núcleo de la ciudad de Pontevedra para encarar el segundo puerto del día: Lago de Castiñeiras. Al principio nos asustamos con una rampa durísima antes de llegar a la Brilat, menos mal que luego la cosa volvió a humanizarse un poco… dentro de lo posible. No olvidemos que para Manuel, acostumbrado a largas kilometradas no era más que un paseo, pero para un danés como Heine, las pendientes más empinadas hacían mella cada vez más en las piernas. Mejor tomarlo con calma y disfrutar de las vistas…

Una vez llegado al lago Castiñeiras quedaba subir opcionalmente un poco más para llegar a una torreta desde la que se divisaban las dos rías, Pontevedra y Vigo, las islas Ons, Redondela…. realmente valió la pena ese último esfuerzo.

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Otro rápido descenso hasta Marín desde el lago y casi sin darnos cuenta ya estábamos de nuevo en Pontevedra, a 28 grados, y el cuerpo nos pedía un café… parada obligatoria.

Después de mentalizarnos para lo que iba a ser el “coco” del día, Monte Castrove, arrancamos de nuevo dirección Poio, pasando por delante de un monasterio con la calzada adoquinada. Los primeros kilometros se iban sobrellevando sin problema. A lo lejos se divisaba la aldea de A Escusa, justo donde nos iba a tocar sufrir de lo lindo. En las rampas más duras de las tres subidas, entre el 12 y 15% de pendiente optamos por que cada cual salvase la situación como pudiese, sobre todo por las diferencias en los desarrollos de cada bici: uno con 34-32 (cómodo), otro con 36-28 (justo) y otro con 36-26 (error)….. Después de ese pequeño infierno llegamos a un cruce con un hito dedicado al mundo cabalar, giro a la izquierda y seguimos subiendo un poco más. En la cima había un poste recordando el paso de la Vuelta  a España de 2014 en ese mismo puerto. Seguro que pasaron a otra velocidad…
Desde allí ya solo tocaba descender hacia Ribadumia y atravesar fincas dedicadas exclusivamente a la uva, de donde viene el famoso Albariño de las Rías Baixas. Algún repecho nos hizo recordar el desgaste anterior en las piernas… y sólo pensábamos en llegar y comer algo.

Seguro que volveremos a hacer otra aventura con Manuel Otero. Para qué necesitamos un GPS si lo tenemos a él. Una vez más comprobamos cuanto une este deporte. Compartir una pasión con gente que busca lo mismo es uno de los alicientes más importantes del ciclismo. Solo hace falta dar con las personas adecuadas.

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Palabras y fotografía: Daniel Gonzalez. Fotografía y diseño: Heine Christensen